Abandonad toda esperanza

miércoles, 29 de noviembre de 2006

Carretera perdida: El asesino dentro de mí

El título de una de las novelas más célebres de Jim Thompson también le va como anillo al dedo a Carretera perdida, obra maestra del séptimo arte que filmase David Lynch en 1997.



Lynch no es el mejor cineasta norteamericano contemporáneo, pero sí es mi favorito (que no es precisamente lo mismo). Desde que lo descubriera en mi edad adulta con Terciopelo azul y Corazón salvaje he ido siguiendo su obra con fidelidad (incluyendo la televisiva o la pictórica), además de rescatar los títulos anteriores -como la soberbia El hombre elefante, una lección de cine- y revisar su filmografía en repetidas ocasiones.



A día de hoy, y habiendo revisado hace unos días esta Carretera perdida, la cinta protagonizada por Bill Pullman y Patricia Arquette es, junto con Mulholland Drive, su obra más completa. La historia del músico de jazz Fred Madison, que recibe unas cintas de vídeo anónimas (idea recuperada luego por Michael Haneke en Caché) donde descubre que alguien ha tenido acceso a su intimidad, sigue manteniendo su poderosa fascinación una década y varios visionados después de su estreno.



Antes que en Mulholland Drive, ésta fue la primera ocasión en que el cineasta de Missoula utilizó el recurso de la "fuga psicogénica" en su obra: esto es, la creación de una realidad mental apropiada como sustituto de una realidad física inaceptable. A partir de ahí, Lynch construye una historia de soledad, celos y locura que oscila entre el cine de terror psicológico y el film noir más clásico (con mafiosos y femmes fatales como mandan los cánones del género), conformando un buen ejemplo de lo que yo llamo películas isla, o cintas que no se parecen a ninguna otra, y donde encontraríamos obras tan radicales como El ángel exterminador de Buñuel, Apocalypse now de Coppola o Barton Fink de los hermanos Coen.



No me extenderé más acerca de Carretera perdida: los que no la hayan visto, remédienlo ahora que está disponible en DVD; los afortunados que sí, y deseen profundizar más en ella, debatiendo acerca de sus diversas y posibles lecturas, pueden leer el ensayo La elipsis infinita, que un servidor escribió muchos años atrás y que algún insensato recuperó en un foro sobre cine:

Cinexilio: Carretera perdida

2 comentarios:

José Andrés dijo...

Por cierto, me ha defraudado la edición de Carretera Perdida, muy buena presentación en caja, pero falta información escrita.
Cuando fui a verla en cine, nos entregaron una ficha de la película (que mala suerte que no conserve)en el que te comentaba como tenías que ver la película. Yo fuí, con la que es mi mujer, ahora, y dos amigos. Mis amigos se quedaron con cara pastaboniato, y les tuvimos que invitar a tomar un bocata, ya que en sus caras se reflejaba el ¿Pero que coño nos habeís llevado a ver?.
Yo está semana si tengo "tiempo" empezaré a revisarmela.
Eso sí, a pesar de todo es una pieza que hay que tener.

El hueso dijo...

Yo también tengo que rever esta película. Pero reconozco que a mí tb me dejó cara de pastaboniato en su momento. Y sin que nadie me invitara a bocata de calamakas ;-)


Estadísticas