Abandonad toda esperanza

domingo, 12 de noviembre de 2006

Ratas mentirosas

Desde que estrenara en 1973 Malas calles, protagonizada por sus entonces actores fetiche Harvey Keitel y Robert De Niro, Martin Scorsese se ha convertido en un cineasta que ha hecho de su obra una radiografía fiel del lado más oscuro y brutal de la realidad norteamericana. Obras maestras de la talla de Taxi driver, Toro salvaje, Uno de los nuestros o Casino lo demuestran con creces.



No obstante, en toda carrera hay altibajos, y su anterior película, El aviador, biografía del cineasta y magnate Howard Hughes, era aparentemente modélica, pero resultaba demasiado fría y académica para un realizador con el gancho de Scorsese. Incluso la denostada y muy reivindicable Gangs of New York, a pesar de sus carencias, resultaba más directa, más visceral.



Ahora, con Infiltrados, Scorsese vuelve a demostrar por qué es el mejor cineasta norteamericano de los últimos treinta años. En unos días en los que los últimos trabajos, todos ellos comentados aquí, de directores tan interesantes como Woody Allen, Milos Forman o Brian De Palma, pueden resultar bastante decepcionantes, Infiltrados se confirma como dos horas y media del mejor cine.



Basándose en una célebre cinta hongkonesa de acción, Infernal Affairs, Scorsese construye un verdadero tratado sobre la mentira, haciendo uso de las vidas paralelas de un policía infiltrado en la mafia irlandesa de Boston, y el pupilo del capo del grupo inmerso a su vez en el cuerpo de policía de la ciudad.



A partir de ahí, la película reflexiona sobre la capacidad de mentir al prójimo, de aparentar lo que no eres. Y contra todo pronóstico, pues es lo habitual en todo thriller sobre infiltrados, Scorsese no cae en el tópico de mostrar a sus personajes fascinados por el otro lado y dudando sobre sus propias lealtades: el policía que interpreta Di Caprio (en su tercer, y mejor, trabajo consecutivo con el director) siempre es un policía, aunque no lo parezca; y el criminal interpretado por Damon siempre es fiel a un Frank Costello que interpreta un Jack Nicholson en estado de gracia, en una interpretación sin los excesos habituales del actor, que llena la pantalla cada vez que aparece en acción.



Mucho más podría decirse de esta cinta, pero se corre el riesgo de revelar demasiados aspectos de la trama, sobre todo en unos quince minutos finales que son de lo más sorprendente y electrizante jamás visto en una película. Ahí es nada.

Finalmente, Infiltrados es un trabajo emocionante, celuloide en estado puro, de un cineasta de más de sesenta años que rueda con la experiencia de su veteranía y su cinefilia (no es difícil apreciar en su películas ecos de cineastas tan variopintos como Michael Mann, Quentin Tarantino o Wong Kar-wai) pero con el vigor y el atrevimiento de un debutante que quiere dar lo mejor de sí mismo en su primera película.



Esperemos que este año sea el año de Scorsese, y la Academia de Hollywood no se asuste ante la ambigüedad moral de sus personajes y la violencia de su historia, y premie, por fin, la obra de un realizador sin el cual la cultura audiovisual del siglo XX (y de lo que llevamos del XXI) no sería lo mismo.

5 comentarios:

Pep dijo...

Me he leido el post muy por encima porque aún no la he visto (error que solucionaré en uno o dos días).

Pero sí te puedo decir que... ¡¡Scorsese es más grande que las pelotas de King Kong!!

Por lo demás esta semana he saldado la deuda pendiente que tenía con él y he visto las dos únicas películas de su filmografía que aún tenía por descubrir: "Alicia ya no vive aquí" y "Boxcar Bertha". La primera de ellas me encantó, la otra menos... pero vaya, como estaba la Hershey ;-)

Saludos domingueros

Fran J. Ortiz dijo...

Creo que precisamente esas dos, y su primera y casi underground STREET SCENES 1970, son las que me quedan por ver de su obra.

Y sí, habrá que ponerse un día de estos. :-)

Que ud disfrute de esta INFILTRADOS...

El hueso dijo...

Me alegro de que te haya gustado. Yo he de verla otra vez, para ratificar lo que escribí de ellas. Además, me debo otra reflexión sobre una película que tiene mucha tela que cortar.

el cobrador dijo...

Qué buena la banda sonora, con esos temas setenteros de los Rolling y Van Morrison. Y cómo contrasta el lento punteo de guitarra de Marc Ribot con la violencia verbal o física.
La pena es no poder verla en V.O.

Fran J. Ortiz dijo...

Amén. :-(

De todas formas, esperaremos con más ilusión todavía el DVD... :-)


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