Abandonad toda esperanza

miércoles, 27 de diciembre de 2006

Un bastardo llamado John Constantine

"Jamie Delano y John Ridgway demuestran con brillantez que el terror inglés no se desvaneció con la niebla y el empedrado iluminado por los faroles de gas al final de la era victoriana. Un fascinante, escalofriante cómic". Esta sentencia de Alan Moore, impresa en la contraportada, fue en buena parte la culpable de que yo, por aquel entonces un lector únicamente de cómics más comerciales, me decidiera a comprar el primer número de una miniserie de cinco titulada Hellblazer y editada por Ediciones Zinco.



En realidad, fue cosa de la declaración de Moore... y de la fascinante portada de Dave McKean, cuando éste era un absoluto desconocido y faltaban algunos años para que The Sandman de Neil Gaiman, con las famosas portadas de McKean repletas de estanterías, llegara al mercado español.

Mes a mes completé la miniserie protagonizada por John Constantine, personaje que nació de la mano de Moore en las páginas de la saga "American Gothic" de La Cosa del Pantano. Y como se suele decir, ese fue el principio de una gran amistad...

Y es que desde siempre Constantine ha sido uno de los personajes favoritos de ficción de un servidor. Durante años le perdí la pista, pero pronto me enganché de nuevo a los tomos de Norma, recuperé los que había dejado escapar, y desde que los derechos pasaron a Planeta he ido siguiendo fielmente la aparición de los tomos, además de recuperar la colección mensual que en formato más popular pretende publicar íntegra esta colección de Vertigo, la más veterana del sello.



Estos días ha aparecido el nuevo volumen de la colección, La tierra a donde van los muertos, donde el guionista británico Mike Carey obliga de nuevo al bueno de John a descender a los infiernos. En esta saga, magníficamente ilustrada por el argentino Leonardo Manco (a mi parecer, uno de los dibujantes cuy estilo mejor se ajusta a la serie, a la altura del no siempre justamente valorado John Ridgway), Carey recupera algunos de los personajes secundarios clave de la colección, como el demonio Nergal, cuyo destino está tan unido al de Constantine por aquella transfusión que salvó la vida de este último.

Esta saga dantesca es un buen momento para engancharse a la colección, aunque a quien lo haga se le escaparán, obviamente, varias lecturas; y es también un modo de atar algunos cabos y de prepararle el terreno a la escritora de novela negra Denise Mina, que en tres números de la colección original (es decir, ya en el próximo tomo de Planeta) debutará como guionista de cómics al servicio del bastardo de Constantine.



Por cierto, navegando por la red me encuentro con un artículo sobre Hellblazer que un servidor escribió para un suplemento cultural allá por el año 2000. Ya ha llovido desde entonces... pero como puede comprobarse, uno sigue fiel a uno de los personajes más fascinantes del cómic norteamericano contemporáneo.

Podéis leer dicho artículo aquí: Simplemente Constantine. Y cualquier día de estos hablaremos de la adaptación cinematográfica de Keanu Reeves, que sin ser ninguna maravilla, no nos pareció tan nefasta como a priori esperábamos...

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