Abandonad toda esperanza

lunes, 25 de junio de 2007

Federico Mendelssohn Bartholdy: Aventuras pulp y humor absurdo

La editorial Glénat viene recuperando en los últimos meses clásicos y material ya inencontrable del tebeo español, de todos los estilos y géneros: del western aventurero del Sunday de Víctor Mora y Víctor de la Fuente al policiaco de los clásicos del género negro vistos por Florenci Clavé, pasando por la historieta infantil de Àngel Puigmiquel. A estas recuperaciones se suma ahora Federico Mendelssohn Bartholdy, una obra inclasificable de Alfonso Font.



Las aventuras de este peculiar aviador y espía fueron concebidas por Font para la desaparecida revista Cimoc (después del precedente que supuso una tira única del personaje, con el nombre de Wolfgang Amadeus Peabody, en Rambla), y se publicaron en sus páginas a lo largo de más de diez años, desde 1982 a 1992, a razón de una tira por mes.

El origen de dicha serie era hacer una publicidad bastante peculiar de la propia publicación: de ahí que la primera aventura de Federico Mendelssohn Bartholdy se titule "En busca del Cimoc perdido", parodiando el título de la primera aventura cinematográfica de Indiana Jones: el protagonista es enviado por su superior, el Dr. Sí, para encontrar un ejemplar perdido de la propia revista de cómic.



En esta aventura ya está muy presente el humor absurdo y autorreferencial que hará del personaje de Font una creación memorable: poco importa la trama en sí, que parodia hasta el paroxismo constantes de la ficción pulp, personajes como James Bond o el citado Indiana Jones, escenarios exóticos y villanos de tebeo (léase esta expresión en su sentido más despectivo), en una historia que se pierde y se vuelve a encontrar a sí misma, y donde se aglutinan mujeres fatales de curvas sinuosas, nazis, submarinos, luchadores turcos y minas explosivas.

Lo que perdura en la memoria del lector son las fugas de la narración, los desvaríos de Font (que se retrata a sí mismo como despistado demiurgo en alguna ocasión), los juegos de palabras, los resúmenes innecesarios de las entregas anteriores, las tipografías cambiantes en los títulos... o las pequeñas ilustraciones, a modo de chiste, que acompañan a la tira, y que recuerdan a los dibujos de Sergio Aragonés para la revista Mad.



Este humor absurdo, repleto de juegos lingüísticos y variaciones eternas sobre un tema nimio, es una clara herencia de la literatura de Miguel Mihura, Jardiel Poncela, Carlos Arniches, así como de la mítica publicación La Codorniz. Y es un tipo de humor que aparece más subrayado todavía en "Federico Mendelssohn Bartholdy contra el doctor Fut’ Maun Chut", segunda y última desventura del aviador creado por Font: en este enfrentamiento contra un sosías del Fu-Manchú creado por Sax Rhomer, donde no faltan homenajes a esos genios del humor absurdo que fueron los hermanos Marx, una anécdota intrascendente se prolonga durante años y años en su publicación original; eso es aprovechado por el autor para perder al lector, a sí mismo y a sus creaciones de ficción en esta historia donde no faltan chinos, indios, superhéroes, piratas, el Conde de Montecristo, Robinson Crusoe, extraterrestres, el malvado Dr. Tinta... y un cínico barman que trabaja en un chiringuito de una isla desierta, una de las creaciones más afortunadas de Font.



Gracias a Glénat tenemos ahora la oportunidad de leer, de una sola sentada, las desventuras de este Federico Mendelssohn Bartholdy, aunque se pierda el encanto de leerlas a lo largo de una década, tal y como las leyeron los lectores fieles de Cimoc. Salvo que tengan la paciencia de racionar la lectura a lo largo de diez años, pero me juego el cuello a que no.


Título: Federico Meldelssohn Bartholdy (Obra completa)
Autor: Alfonso Font (guión y dibujo)
Editorial: Glénat
Fecha de edición: abril de 2007
72 páginas (b/n) - 15 €

1 comentario:

Rash dijo...

Me faltó tiempo para comprarmelo.
Las ganas que le tenia, desde que me lei los Cimoc de prestado (gracias a un alma hermosa) era de las cosas que mas me gustaban y que nunca pense que se recopilaran, y mira que suerte...


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