Abandonad toda esperanza

miércoles, 19 de diciembre de 2007

La vida interior de Martin Frost: Demasiado cuento



Como ya comentamos en cierta ocasión, nuestro admirado Paul Auster vivió una etapa de desencanto ante la literatura que lo llevó a plantearse el dejar de escribir novelas. Al parecer, al celebrado escritor norteamericano se le planteó el síndrome de la página en blanco, la crisis ante una presunta falta de inspiración y la idea de que ya había dicho todo lo que tenía que decir.



Por tanto, el autor de algunas de las mejores novelas de los últimos años (pienso sobre todo en La noche del oráculo y Brooklyn Follies, por no citar su obra maestra: las tres novelas cortas que conforman La Trilogía de Nueva York) diversificó su creatividad hacia otro ámbito artístico, como es el cine, y rescató una historia del pasado, concebida para un proyecto televisivo que nunca llegó a ver la luz, y que ya había aparecido en su microuniverso de ficción, en las páginas de la celebrada El libro de las ilusiones. Esta historia, protagonizada por un escritor que muy bien podría ser un alter ego del propio Auster, ha acabado siendo su segundo largometraje como director: La vida interior de Martin Frost.



El film cuenta la historia de Martin Frost, un escritor de éxito que después de escribir cuatro novelas (la última de ellas todavía inédita) y un par de obras de teatro, decide retirarse a la casa de campo de unos amigos en busca de inspiración. Al día siguiente, al despertarse, descubre que no está solo en la cama: una misteriosa mujer, que se presenta como Claire Martin, la prima de su anfitriona, le acompaña.



A partir de ahí surge una extraña relación entre ambos, primero de desconfianza, después de atracción y hasta de romance. Acto seguido, Martin parece estar más inspirado que nunca, y escribe sin parar; pero la situación se complica cuando Claire cae enferma y sin visos de recuperarse...



El film en cuestión es una fábula metafórica acerca de la creación literaria y la inspiración: como imaginarán, Claire podría ser muy bien fruto de la propia imaginación del protagonista, la inspiración de su producción artística. Una suerte de musa al modo de la Calíope de The Sandman de Neil Gaiman, pero no tan explícitamente fantástica como esta. Y como en el cómic de Vertigo, Auster muestra la relación entre autor y musa en clave sexual; no olvidemos que el proyecto inicial de esta historia era formar parte integrante de una serie de episodios de contenido erótico.



La vida interior de Martin Frost es, indudablemente, la película de un escritor: no solo porque la protagonice uno (algo que recuerda, aunque desde otras coordenadas genéricas, a las incontables adaptaciones fílmicas de novelas de Stephen King protagonizadas por escritores, de El resplandor a 1408 pasando por El misterio de Salem's Lot, It (Eso), La mitad oscura o La ventana secreta), sino porque se presenta deudora de las armas creativas de un narrador literario. Demasiado deudora, y ahí radica el principal problema del film que insiste más de lo necesario en el recurso de una voz en off demasiado explicativa, en lugar de confiar en la puesta en escena y en los propios actores.



Al respecto, destacar la recuperación del espléndido David Thewlis, actor británico al que descubrimos de la mano de Mike Leigh en Life is Sweet y la brutal Naked, y que encarnó a otro artista atormentado, esta vez un pianista, en Asediada de Bernardo Bertolucci. A su lado, Irène Jacob, la musa del malogrado Kieslowski en La doble vida de Verónica y Tres colores: Rojo.



Completan el reparto Michael Imperioli (Los Soprano) y la actriz y cantante Sophie Auster, a la postre hija del realizador. No hay más actores en La vida interior de Martin Frost: su máximo responsable ha optado por una pequeña pieza de cámara, fácilmente adaptable al medio teatral, lo cual sin duda ha facilitado, reduciendo costes, que un proyecto tan personal como este llegue a buen puerto.



Pero que sea un proyecto personal no significa necesariamente que sea satisfactorio: si dejar en las manos de Wayne Wang la realización de la soberbia Smoke, inspirada en su relato "El Cuento de Navidad de Auggie Wren", fue un acierto por parte del autor de El país de las últimas cosas, el asunto no resultó tan satisfactorio cuando ambos dirigieron al alimón Blue in the Face, film experimental a medio camino entre la realidad y la ficción surgido como apéndice del anterior y de escaso interés. Tampoco satisfizo su debut en solitario, Lulu in the Bridge, protagonizada por Harvey Keitel y Mira Sorvino.



La vida interior de Martin Frost reincide en los defectos de las anteriores, y su deuda con los tics de su autor como escritor pesan demasiado en la balanza final. En un momento dado del film, el fontanero y aspirante a escritor Jim Fortunato le facilita al protagonista un relato fantástico que ha escrito, "La gente pequeña de Lastmania" (sic), para que lo lea y le dé su opinión, pero acto seguido le cuenta todo el relato, verbalmente, a un atónito Martin. En esta secuencia, Auster parece criticar la actitud del creador que no confía en su propia obra para que esta se explique por sí sola. ¿Por qué, entonces, Auster no se aplica el cuento y deja que la acción de su film se desarrolle con naturalidad y cuente, visualmente y sin necesidad de explicaciones machaconas, todo lo que tiene que contar? El problema de La vida interior de Martin Frost es, por tanto, un exceso de literatura. Como suele decirse: demasiado cuento.



(+) Paul Auster:
- Abandonad toda esperanza, salmo 29º: "El Tusitala de Brooklyn"
- Abandonad toda esperanza, salmo 76º: "Casualidades de la vida"
- El mejor libro del año: Brooklyn Follies
- Paul Auster, Príncipe de Asturias de las Letras
- Viajes por el Scriptorium

1 comentario:

Fauno dijo...

Estoy de acuerdo a grandes rasgos, pero a mí me ha parecido un film bastante bueno. No considero que lo dé todo masticado, creo que es apropiada esa voz en off, aunque nos hable muchas veces de temas parecidos. Es la vida del escritor, sus miedos, sus ambiciones, y se repiten sin parecer llegar a una solución.
Sinceramente me ha gustado y creo que logra transmitir lo que pretendía.
Un saludo.


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