Abandonad toda esperanza

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Tóxico / La colmena / Cráneo de azúcar: Una obra maestra para despedir el año




Cuando allá por marzo de 2011 leí por vez primera Tóxico, enseguida tuve claras dos cosas: una, que volvería a leerlo cuando la anunciada trilogía de Charles Burns a la que daba inicio aquel volumen se hubiese publicado entera (de hecho, lo definimos entonces como "un álbum que termina in medias res, y sobre el que volveremos cuando se pueda leer la historia al completo"); y dos, que si las entregas siguientes mantenían un nivel artístico similar estaríamos ante una de las mejores y más sugerentes obras de su autor (lo que no es decir poco), además de uno de los mejores cómics de los últimos años. Ambas predicciones se han cumplido, y por ello termino con las críticas de cómics del presente año tal y como anuncia el título de esta nota: con una obra maestra para despedir el 2015 que finaliza mañana.




Llegado este punto, debo aclarar que hace más de dos años, a mediados de 2013, y cuando acababa de ver la luz la edición española de La colmena -segunda parte de esta trilogía que, a falta de un nombre común, algunos llaman "Trilogía de Nitnit", y luego aclararemos este curioso término-, procedí a leerla también, pero ni siquiera me tomé la molestia de reseñarla tal y como hice con la anterior, a sabiendas de que cuando se publicara el tercer tomo terminaría leyendo de seguido los tres, ya que a todas luces formaban parte de un todo dividido en tres capítulos, y no una obra inicial y sus secuelas o continuaciones.




Por fin, en mayo de este año se publicó Cráneo de azúcar, tercera y última entrega de la citada trilogía. Publicada por Reservoir Books en su sello especializado en cómics, Reservoir Gráfica, la edición mantenía el diseño unitario de las dos entregas anteriores (que vieron la luz antes de que Random House Mondadori acabara convirtiéndose en Penguin Random House), y su aparición en el mercado patrio culminaba la publicación española de la obra más reciente de un creador sin duda indispensable de la historieta de autor de las últimas décadas.




A la hora de ponerle título a esta nota he estado tentado de recurrir a la leyenda unitaria que citaba antes: "La Trilogía de Nitnit", aunque dado que los álbumes son más conocidos por sus títulos independientes he optado por mantener estos. No obstante, y tal y como señalábamos al principio, leerlos de forma independiente carece de sentido, y aunque leídos en orden y con la periodicidad con la que vieron la luz permite mantener una cierta intriga a propósito de cómo continuará el relato, es con su lectura continuada con la que dicha obra alcanza pleno sentido.




Para no confundir al lector, esbocemos una breve sinopsis de la obra: el protagonista del relato es Doug, un joven postadolescente que vive con sus padres, matrimonio que sin duda vivió tiempos mejores y que, en la actualidad, se evitan el uno al otro (tanto es así, que el lector sigue los pasos de Doug y de su padre y por tanto nunca llega a ver a la madre). Por añadidura, y pese a lo que pueda parecer, la relación de Doug con su progenitor, aunque afable, es algo distante, pues ambos apenas tienen cosas en común: esta última, la distancia cognitiva y emocional entre adolescentes y adultos, es una constante en la obra de Burns, y precisamente era uno de los temas centrales de Agujero negro, su título más celebrado y sin duda una obra maestra indiscutible.




Cuando el lector conoce a Doug, descubre que es un joven que ni estudia ni trabaja, y parece permanecer en casa convalenciente tras sufrir algún percance que le ha dejado una herida en la cabeza -luego descubriremos que fue víctima de una paliza-; pero lo más molesto son las pesadillas que padece, y que el consumo de fármacos no mitigan: en sus sueños, cada noche más turbadores e inquietantes que en la anterior, Doug se convierte en Nitnit, un personaje creado por él -o al menos eso asegura, aunque en un momento determinado le veremos leyendo un álbum protagonizado por él: El secreto de la colmena- y suerte de álter ego, que se ve inmerso en unas aventuras que se desarrollan en un mundo fantástico con ecos del Tánger que William S. Burroughs visitó y plasmó en su obra... Una referencia que nada tiene que extrañar teniendo en cuenta que el autor de Queer y El almuerzo desnudo es una de las influencias literarias más obvias y habituales de Burns, y que aquí se convierte en cita explícita como un autor clave en la formación de Doug, que realiza recitales a modo de performance con influencias de la literatura beatnik del propio Burroughs o de su colega Allen Ginsberg, el autor del fundamental (y fundacional) Aullido.




A lo largo del relato, desde Tóxico a Cráneo de azúcar pasando por La colmena, el relato sigue de forma paralela tanto las vivencias reales de Doug como la existencia en el plano onírico del tal Nitnit, que no deja de ser un sosias de su propio creador a la vez que homenaje de Burns al mítico Tintín de Hergé -léase Nitnit al revés, por si no se habían percatado ya-... De hecho, la historia arranca con Nitnit despertándose en su cama y, acto seguido y siguiendo a su gato Inky, atravesando un agujero en un muro de su habitación para acceder a través de él, como la Alicia de Lewis Carroll, a un mundo maravilloso y, en su caso, pesadillesco. Un mundo en el que reptiles antropomórficos trabajan en la colmena, donde mujeres jóvenes son retenidas y cuya labor se reduce a poner huevos cuyo aspecto remite a otro álbum del personaje de Hergé: La estrella misteriosa.




Mientras tanto, el devenir cotidiano de Doug es menos emocionante pero no por ello más reconfortante... Mientras se recupera de las heridas en su cama y sufre las pesadillas protagonizadas por Nitnit, recuerda los acontecimientos que lo han llevado hasta allí: todo gira en torno a Sarah, una compañera de sus clases de fotografía con la que terminó iniciando una relación que le llevó a dejar a su novia anterior. Si alguien como Doug debería encontrar a alguien cuyo carácter le ayudase a encontrar la paz interior, sin duda Sarah no resulta la persona idónea para ello: su inestable estado emocional, que se mueve constantemente entre la euforia y algo parecido a la depresión, y la relación de la que acaba de salir -con un supuesto maltratador-, solo complicarán todavía más las cosas. Por supuesto, la situación es recíproca, y Sarah tampoco hallará en Doug la respuesta a sus dudas existenciales y su tormento interior.




Uno de los mayores hallazgos de la obra de Burns es el reflejo de las complicaciones inherentes a toda relación sentimental, pero que se manifiestan todavía con mayor ahínco cuando se establece entre seres atormentados, cada uno a su modo, como Doug y Sarah. Para ello, el autor de Skin Deep sigue a ambos personajes, y muy especialmente a Doug -verdadero protagonista de la obra- a lo largo del tiempo, atendiendo a tres momentos cruciales de su existencia (reflejados, por cierto, en cada una de las cubiertas de los álbumes que conforman la trilogía), y descubriendo a su lado que cada uno de nuestros actos tienen consecuencias y que, en nuestro devenir vital, no siempre somos capaces de tomar el camino más adecuado o alcanzar el lugar al que pretendíamos llegar desde un principio. Este es uno de los temas cruciales de la presente obra, si no el más importante, y que ya sugiere el padre de Doug en su primera aparición en el relato, en un recuerdo que forma parte de un sueño, cuando dirigiéndose a su hijo le manifiesta: "Tu madre y yo... teníamos tantas esperanzas al principio... pero supongo que las cosas no siempre salen como a uno le gustaría".




El otro gran aliciente de esta "obra épica de ficción gráfica a todo color" es, por supuesto, la forma en la que Burns alcanza un estado constante de atmósfera onírica, como de pesadilla sufrida durante la vigilia, en el que realidad y sueño se entremezclan, con ecos de la línea clara de Hergé y otros autores como Yves Chaland y su Freddy Lombard -que Burns homenajea de forma explícita, como hemos señalado-, así como de las historietas de corte romántico que se publicaban en Estados Unidos en los años 50, y que hacen las delicias de Sarah. Por otro lado, los ecos de otras artes, otras estéticas, así como las repeticiones en la composición de las viñetas, remiten al cine de David Lynch, uno de los cineastas -otro sería sin duda David Cronenberg y su "cine de la Nueva Carne"- con los que Burns y su obra han sido comparados en repetidas ocasiones, y con razón.




Podríamos seguir desgranando la obra con más detalle, analizando e intentando dar respuestas -no necesariamente certeras, desde luego- a la simbología que se desprende de los huevos blancos y rojos, los fetos de cerdos, las polaroids, las máscaras o el interfono de la pared -elemento este último que recuerda a un título clave de la filmografía de Lynch: Carretera perdida-, por no hablar de elementos constantes en la producción de Burns como las drogas (legales o ilegales), las heridas (normalmente autoinflingidas) y las criaturas monstruosas. Pero preferimos dejar puertas abiertas a la rabiosa capacidad de sugerencia de una obra (maestra) como la que conforman Tóxico, La colmena y Cráneo de azúcar, donde Burns -como es habitual en él- formula más preguntas que las que responde, y donde deja que el lector saque sus conclusiones, normalmente inquietantes cuando no terroríficas.




En resumidas cuentas: a nuestro parecer, estamos ante una obra maestra indiscutible, y un peldaño más en la ascensión de su autor al olimpo de los autores fundamentales del cómic de la segunda mitad del siglo XX y la primera del XXI. Eso sí: con la trilogía que culmina Cráneo de azúcar, el mismo Charles Burns se lo ha puesto muy difícil, y cuando publique una nueva obra -que esperemos no tarde demasiado en ver la luz-, las comparaciones podrán ser, más que nunca, verdaderamente odiosas.


Título: Tóxico
Autor: Charles Burns (guión y dibujo)
Editorial: Reservoir Books (Mondadori)
Fecha de edición: marzo de 2011
64 páginas (color) - 17,90 €


Título: La colmena
Autor: Charles Burns (guión y dibujo)
Editorial: Reservoir Books (Mondadori)
Fecha de edición: abril de 2013

64 páginas (color) - 17,90 €

Título: Cráneo de azúcar
Autor: Charles Burns (guión y dibujo)
Editorial: Reservoir Gráfica (Penguin Random House)
Fecha de edición: mayo de 2015

72 páginas (color) - 24,90 €

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